Se trata de una enfermedad infecciosa causada por varias especies de Ehrlichia, aunque podemos decir que en España la que encontramos con más frecuencia es la canis. Aunque el curso de la enfermedad puede ser variable, el cuadro se caracteriza, de manera típica, por una reducción aguda de los elementos celulares sanguíneos, en especial de las plaquetas (trombocitopenia)

Su agente causal, la erliquia, ha sido trasladada recientemente de la familia Rickettsiaceae hacia la familia Anaplasmataceae. La distribución de la enfermedad está relacionada con la distribución de las garrapatas que la contagian. La que se encuentra con más frecuencia es la garrapata marrón del perro, Rhipicephalus sanguineus, aunque es muy posible que otras especies de garrapata (Dermacentor variabilis) sean las culpables de la transmisión de la enfermedad, como ya se ha demostrado en España.

Debido a que esta enfermedad se puede presentar de forma aguda, crónica o subclínica, se dan casos en que es diagnosticada en zonas en las que no es excesivamente frecuente, debido a que el perro enfermo llegó allí ya infectado. Curiosamente, hay perros que presentan síntomas años después de que la garrapata le infectó.

En la forma aguda se produce diseminación de la infección desde el sitio de la mordedura hacia el bazo, hígado y ganglios linfáticos. La forma grave de la enfermedad parece presentarse con más frecuencia en el Dobermann y en el Pastor alsaciano.

Otra curiosidad que empeora el pronóstico es la presencia en el mismo perro de otras enfermedades además de la erliquiosis, como son la babesiosis, la hepatozoonosis, o la bartonellosis. Podemos decir, por tanto, que en algunos casos se produce la transmisión simultánea de microorganismos desde la garrapata vectora, mientras que en otros casos, la coinfección refleja la exposición frecuente a garrapatas e infecciones crónicas múltiples adquiridas de manera independiente.

SÍNTOMAS
Los signos clínicos durante la fase aguda de la enfermedad variarán desde depresión, anorexia, y fiebre a pérdida de peso, secreciones oculares y nasales, disnea, inflamación de ganglios linfáticos y edema de las extremidades y escroto. Curiosamente, los signos clínicos de la fase aguda son transitorios y generalmente se resuelven en 1 ó 2 semanas sin tratamiento. En estos casos, los perros pasan de la fase aguda al estado subclínico. Normalmente, veremos un descenso de plaquetas (trombocitopenia) y de glóbulos blancos (leucopenia) de 10 a 20 días después de la infección.

Se pueden presentar inflamaciones o hemorragias en el ojo o las meninges, lo que va a provocar signos oculares y del sistema nervioso central (SNC), respectivamente, que incluyen hiperestesia, alteraciones musculares y déficit neurológico. Podemos decir que los hallazgos clínicos en la erloquiosis son idénticos a los de otra enfermedad trasmitida por garrapatas, conocida con el nombre de Fiebre Exantemática de las Montañas Rocosas (FEMR), es decir: fiebre, anorexia, depresión, secreción ocular mucopurulenta, hipermia de la esclerótica, taquipnea, tos, vómitos, diarreas, dolor muscular, poliartritis, ataxia, signos vestibulares, estupor, convulsiones y coma.

En la forma crónica los síntomas los podemos clasificar como moderados o asintómaticos en algunos perros y como graves en otros. Una combinación de tendencia a la hemorragia, palidez debido a la anemia, pérdida intensa de peso, debilidad, dolor a la exploración abdominal, inflamación ocular, hemorragias en la retina y signos neurológicos compatibles con meningoencefalitis. Son numerosas las manifestaciones hemorrágicas que puede presentar un perro con esta enfermedad. La hemorragia nasal (epistaxis), anteriormente considerada como la marca distintiva de la enfermedad, se notifica rara vez en los casos descritos más recientemente en las publicaciones veterinarias.

Además de las alteraciones hematológicas que serían compatibles con E. canis (anemia, trombocitopenia, neutropenia, linfocitosis, monocitosis y eosinofilia), podemos ver cojeras que afectan a una o varias extremidades, rigidez muscular, renuncia del perro a levantarse, espalda arqueada e hinchazón y dolor articular.
Últimamente parece demostrarse que los perros que desarrollan la enfermedad de forma crónica con presencia continua de erliquias en la sangre circulante podrían estar inmunodeprimidos.

Un dato importante a tener en cuenta cuando hacemos análisis de sangre en los perros, es que esta enfermedad no siempre provoca un descenso de plaquetas por debajo de los rangos normales, sino que son muchas las ocasiones en que los recuentos de estas células se encuentran justo en los límites de lo clínicamente aceptable, es decir, en la zona baja del intervalo de referencia del laboratorio. Podremos ver perros con recuentos de plaquetas normales e incluso elevados que presentan hemorragias, ya que en algunos casos las erliquias provocan una función defectuosa de estas células y, por tanto, a pesar de encontrarse en número suficiente son incapaces de llevar a cabo su principal función que es la de la coagulación.

CURACIÓN
La infección por E. canis no confiere inmunidad protectora; por tanto, la exposición posterior a garrapatas infectadas después del tratamiento provocará recidiva de la enfermedad, generalmente de menor gravedad. Después del tratamiento con antibióticos, algunos perros pasan a ser asintomáticos, pero mantienen títulos elevados de anticuerpos frente a la E. canis durante mucho tiempo. Puede darse el caso, aunque raro, que un perro curado mantenga alguna alteración hematológica, como la trombocitopenia, durante años.
¿Cómo podemos saber entonces que el perro se ha curado? Pues serán los valores de las globulinas las que nos lo indiquen. Desde el punto de vista clínico, se asume que en los perros en que han eliminado la infección los valores de la gamma y betaglobulinas se irán normalizando progresivamente. Otra manera de certificar que la infección se ha superado será la imposibilidad de amplificar el ADN de la E.canis en sangre. Es por esto que la PCR se está convirtiendo en una importante herramienta clínica de diagnóstico para diferenciar la especie infecciosa y para determinar si el tratamiento ha eliminado de manera eficaz la infección.

Para tratar la enfermedad se recomienda el uso de tetraciclina o doxicilina durante tres semanas. En muchas ocasiones será necesaria la rehidratación por vía intravenosa e incluso las transfusiones de sangre o de plasma. Los corticoesteroides pueden estar indicados en caso de presentarse una trombocitopenia severa, así como los anabolizantes (oximetolomena o decanoato de nandrolona)
De forma experimental se ha probado la enrofloxacina que suprime la infección y puede producir mejoría clínica y hematológica, pero no elimina la infección. Otro medicamento, el dipropionato de imidocarb que se ha usado con gran frecuencia en los últimos años, ha demostrado su fracaso en algunos casos, aunque debería ser utilizado si los antibióticos indicados no son capaces de controlar la enfermedad.

Aunque la enfermedad puede afectar a la especie humana, no hay transmisión directa de perro a humano, sino que sería el mismo vector, es decir, la garrapata, la que provocaría la enfermedad en el hombre.


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